«Qué bonito. Es horrible. ¿Has visto qué chulo? No me parece original. Es muy potente. Eso lo hago yo. Lo voy a enmarcar. No me dice nada…».

Comentarios captados al vuelo sobre carteles de películas. Es lo que tiene ser algo que todo el mundo ve, que viaja en solitario de marquesina en marquesina, defendiendo una película a golpe de fotos y letras, aguantando el chaparrón de halagos y desprecios disparados sin remisión desde la implacable metralleta de la opinión ajena. No nos quejamos, a eso hemos venido.

Me llamo Pablo y hago diseño para cine: carteles y derivados. Mi oficio me encanta (¡me entusiasma!), pero no siempre es fácil. Si conceptualizar una película es un trabajo concienzudo –véase destilar el mensaje que la resuma para ser comunicada–, no te digo sintetizar esa idea en una sola imagen que pueda volcarse en todo el circuito de promoción. Bocetos, pruebas, tipografías, colores, posados, paciencia, prisa, agonía, satisfacción, duda… Y la dosis de psicología precisa para convencer a la pléyade de empresarios y autores que opinan en el proceso (normalmente muy numerosos y todos en desacuerdo).

Pasado el parto creativo, un diseñador se levanta un día, sale a la calle y se topa somnoliento con su cartel en toda la ciudad. Está tan familiarizado con la imagen, que al principio no es consciente de que su obra ha saltado de la calidez del estudio al mundo exterior, en papel, mapa de bits, trasera de autobús o icono de Twitter. «Lo podría haber hecho mejor. No me hicieron caso con el logo. Desde lejos se ve fetén. Primo, ¿te gusta mi cartel?».

 En el caso de Enemy (recordemos: cinta hispano-canadiense basada en la dicotomía semifantástica de El hombre duplicado, de Saramago), el recorrido ha sido mucho más largo. La cabeza-ciudad con araña amenazante –Jake Gyllenhaal nunca estuvo tan interesante en un arte final–, zarpó desde Zaragoza hace unos meses con motivo del estreno, se ha mantenido surcando las ondas a bordo del aplauso cibernético y ha llegado hasta la gala de los Premios Proyecta, donde su flamante autor, Iñaki Villuendas, ha recogido el nuevo premio al Mejor Cartel de Estreno de manos del director de Fotogramas. Imagino que el jurado habrá valorado la tremenda fuerza de la imagen, así como la cuidada ambigüedad desplegada para ocultar lo denso de la historia en favor del enigma, sin traicionar del todo el tono europeizante de la película.

Hace tiempo que vengo queriendo mejorar el mundo del diseño para cine (sin acritud, todo es mejorable en esta vida). Junto a mi socia, la diseñadora Ana Linde, estoy inventando distintos caminos; uno de ellos, sin duda, debía ser un premio. Con oportunidad providencial encontramos los Proyecta y a su entusiasta proyeccionista, Marta Baldó, que nos abrió las puertas de par en par para organizar esta nueva categoría que valora el ojo del diseñador. Qué mejor foro que unos premios otorgados al buen marketing para reconocer la pericia aplicada en la síntesis, la adecuación al público objetivo o la coherencia de un cartel con el resto de la campaña (lejos, muy lejos del simple «me gusta» o «no me gusta»). Los alumnos del Master en Film Business de la ESCAC han hecho un análisis certero y, para nosotros, crucial. La guinda ha sido el refrendo de la revista Fotogramas. Vamos, un lujo.

 Este premio nos ha obligado a escanear el cartelismo cinematográfico español, la conclusión está muy clara: cada vez es más profesional. Es una enorme suerte empezar a tener foros que lo reflejen. Gracias, en letra grande, a todos los participantes.

 Quizá tiramos de utopía, pero resulta que en este caso la sinergia orientada al bien común, ha funcionado. Todos los que nos dedicamos a dar imagen al cine (no sólo diseñadores) ganamos con la mera existencia de este premio. Los Proyecta, aparte de ser muy divertidos, han conseguido que se nos vea más, que se valore nuestro peso en la aventura de conectar la ficción con su público. Y, sobre todo, que nos conozcamos, que HABLEMOS y hagamos todo lo posible por hacer crecer nuestro singular oficio. La ficción siempre existirá y siempre habrá quien se encargue de ponerle cara. Creciendo juntos, creceremos mejor.

 «¿Vemos ésa? ¿Cuál? Ésa. Ah, sí, tiene muy buena pinta, vi este cartel el otro día y me apeteció verla».

 


Pablo Dávila

www.pablodavila.com